Dios no existe

Cuando decimos «Dios no existe» en realidad estamos contemplando algo real, no estamos insultando ninguna religión, no estamos intentando invalidar la fe ni ningún otro tipo de razonamiento, sea lógico o espiritual. Decimos eso desde nuestra perspectiva de lingüista: conocemos el lenguaje, y como tal podemos afirmar que Dios no existe.

Existe la palabra, el concepto «Dios», ¿pero qué designa esto? El gran problema siempre estuvo en su designación, ni siquiera en su significado.

El significado de la palabra Dios en español puede encontrarlo cualquiera al dirigir sus manos hacia el diccionario de la Real Academia Española, que es el que sigue en sus dos acepciones: «Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo» y «Deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones». Por curiosidad acudo al diccionario de la lengua francesa: Le Trésor de la Langue Française, y me encuentro con lo que sigue: « La divinité comme entité relig. ».

Queda claro que vivimos en una sociedad impregnada de una huella histórica cristiana altamente presente, como casi todo Occidente, porque somos hijos de nuestro tiempo pero también de lo que algún día fuimos. Así, el lenguaje está lleno de expresiones tales como «con Dios» o «anda con Dios» (para despedirse), «Jesús» (cuando alguien estornuda), «que cada uno cargue con su cruz» (para expresar los problemas de cada individuo), «Dios mío» o simplemente «¡Dios!» (para mostrar sorpresa)…

¿Qué quiere decir eso? Que debemos aceptar que hemos construido nuestra sociedad dentro de la religión cristiana, que somos hijos de ella. Eso no quiere decir que se tengan que seguir sus dogmas o hablar su idioma, al igual que nadie nos obliga a quedarnos a vivir donde nacemos. Con esto, podemos afirmar que, la mayoría de las veces, cuando alguien (en Occidente) te pregunta si crees en Dios, en realidad está pidiéndote que le confirmes si eres o no cristiano. Hay otros pocos casos en los que un sujeto simplemente te pregunta si crees en Dios como deidad general, sin que importe la religión.

Jodorowsky piensa que las religiones son un veneno porque acaban limitando al ser que sigue sus caminos, dice que «si pones un nombre a Dios te estás apropiando de él», y es exactamente eso lo que hacen las entidades religiosas: se le llama Señor (cristianismo), Trimurti (hinduismo), Alá (islamismo), Yahveh (judaísmo). Empresas que nombran a su Dios para luego tener una comunidad de fieles que se entreguen a ella. En realidad eso es lo que hace siempre el lenguaje, apropiarse de las cosas: cuando nombras algo estás, en cierto modo, matándolo. Pasa a ser un concepto pero eso no llega a ser real, no podemos nombrar o expresar la realidad, sólo acercarnos. El lenguaje es nuestro límite, como dice Wittgenstein, y en esa estamos siempre: limitando el mundo con palabras para poder entendernos entre nosotros.

Una vez hemos aclarado el significado de la palabra Dios, volvemos al origen de la cuestión, que me parece más interesante. ¿A quién o a qué designa el concepto «Dios»? No puede designar a nadie, porque no conocemos a nadie que pueda ser ese Dios. Respecto a la «cosa» que sí podría designar, no la conocemos: por tanto no existe. Esa entidad religiosa que gobierna el mundo o el universo no ha dado muestras empíricas de existir. Esto quiere decir que lo único que nos puede acercar a creer en algo de esto es el concepto «fe». Volvemos al diccionario y encontramos, entre muchas, las siguientes acepciones: «En la religión católica, primera de las tres virtudes teologales, asentimiento a la revelación de Dios, propuesta por la Iglesia»; «Conjunto de creencias de una religión»; y «Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas».

La fe es entonces el único puente para acceder al conocimiento de ese Dios, puente que se basa únicamente en la ignorancia ciega hacia algo que no se conoce. Es por eso por lo que para mí significa lo mismo «eternidad», «universo», «amor» o «dios». Todos son conceptos abstractos, que intentan designar algo incognoscible; uno cree en el universo aunque jamás llegue a conocer sus límites, extensión…; uno cree en el amor o lo siente, pero no sabe lo que es (no, no insista: muchos lo intentaron durante décadas y ahí estamos, todavía); uno puede pensar en la eternidad y perderse sin llegar a ninguna respuesta porque no la conoce (somos seres finitos y caducos); y uno puede pensar en dios o tener fe en que existe sin haberlo jamás conocido o tener pruebas para ello (no, querido, la Biblia no es una prueba fehaciente).

Por eso más de una vez escuchamos que la gente dice cosas como «el amor no existe», o «Dios no existe». No es que se basen en la negación de todo, que sean pesimistas o ateos, simplemente asumen su condición de ignorantes y se posicionan desde el lado realista: no conocemos esas cosas, son palabras que designan algo que no podemos saber si existe. Por eso «Dios no existe», porque no es más que una palabra, tal vez un concepto necesario para no sentirnos presos en esta cárcel que podría ser el mundo, para poder pensar que, tras pasar por todos los horrores de esta vida, la ilusión nos aliente a no sabernos solos y creer en que hay algo más a parte de lo que somos, un ente que no podemos conocer. Eso da fuerzas, o debería darlas, por eso dicen que la fe o el amor mueven montañas, el mundo.

Yo creo en todas esas cosas, pero las asumo a una sola: Universo. Yo creo en el Universo. Sé que no podemos comprender el setenta por ciento de las cosas que nos ocurren a diario; no son cosas comprensibles mediante la razón ni visibles ante los ojos: son algo más. A las que sólo podemos aspirar a conocer a través de algo más profundo, eso que algunos llamaron «alma». Yo me he enamorado, me he sentido en comunión con lo eterno y soy consciente de que todo eso, incognoscible e inexpresable, forma parte de mí y del mundo. Por acotar, le pongo un nombre: Universo. Yo creo en el conocimiento y creo en el universo. Eso es todo.

Si me preguntan si creo en Dios, digo que no creo. Si me preguntan que existe, digo que no existe. Si me preguntan si creo en el Señor, digo que no creo: es sólo un producto. Para mí «Dios» es una palabra con una designación que desconozco. ¿Entonces para qué usar esta palabra?. No necesito entrar en esa mentira conceptual para sentirme menos solo. Creo que tenemos bastantes cosas ya en la vida a las que agarrarnos para no sentirnos solos. El amor, la eternidad, y el Universo, esas sí son cosas que he vivido y vivo, a las cuales me lanzo sin cesar y en las que uno puede tener fe incondicional, verdades que pueden ayudarle a vivir, a crecer. En ellas creo, en ellas incluso puedo decir que existo.

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7 comentarios »


7 comentarios en “Dios no existe”

  1. Siempre me sorprenderán tus reflexiones.
    Ha sido interesante leerte de nuevo; hacía tiempo que no lo hacía.
    Un besito.

  2. Compañero Jecholls veo a Wittgenstein detrás de tus palabras, hay que ver lo importante que han sido sus reflexiones sobre el lenguaje durante el s.XX. Hay deconstrucciones del hecho religioso por donde quiera que uno mire, Derrida, la muerte de los grandes relatos de Lyotard, ni hablemos ya de Nietzsche, Heidegger… cuando quien tiene que demostrar la existencia de Dios es el creyente en sí y no lo logra fehacientemente. De hecho la Biblia es la mayor fábrica de ateos que conozco. Te recomiendo la lectura de «Tratado de ateología» de Michel Onfray. Saludos!

  3. el creyente no necesita demostrarlo pues teniendo fe no le hacen falta palabras, no?

    interesante, jecholls, como todo lo que escribes en oblivia^^

    feliz año, ratón!

  4. Cuando dices que Dios no existe, estas echando a la basura tu vida; porque si Dios no existiera tu, yo y todo los que nos rodea no existiera también; porque en el fueron hechas todas las cosas, y sin El nada de lo que fue hecho hubiese sido hecho. Que lástima que hayan personas de mente rica y espíritu pobre como tu, es un verdadero desperdicio. Dios Tenga misericordia de ti.

  5. las mejores frases que he leido sobre Dios son estas dos

    «La unica excusa que tiene Dios es que no exista»

    «Dios, el ultimo pesado» EM Cioran

  6. La verdad, este es otro de los argumentos q mas me han gustado acerca de la razon. Tengo 20 años de edad y mi punto de vista ante la vida es la realidad, para ti es solo una palabra lo que es un buen concepto, para mi es solo una tradicion que se ha mantenido de generación en generación desde nuestra historia. Saludos.

  7. Gracias por los comentarios.

    Y gracias, aunque tarde, por la recomendación, Pedro Pablo. Ahora estoy más interesado todavía en estos temas y he andando investigando, así que he pensado en comprarme también ese del que me hablaste. Seguramente vuelvas a leerme algo sobre todo esto por aquí.

    Abrazos para todos, creyentes o ateos.

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